Programa Regional BioAndes

Desfiles "Eco-Chic" Exhiben La Elegante Moda Ecológica

Fotografia  UNCTAD

Modelos vestidas con fibra de alpaca, bambú, seda y algodón orgánico desfilaron por una pasarela "eco-chic" para respaldar el llamado de Naciones Unidas por el uso sostenible de fuentes naturales.
Cerca de 50 diseñadores de confección y de alta costura de 40 países exhibieron elegantes prendas en el evento la noche del jueves, marcando el inicio del Año de la Biodiversidad Internacional en medio de la temporada de desfiles otoño/primavera en Milán, París, Londres y Nueva York.
"Hemos elegido entre lo mejor del mundo, a los mejores en el diseño, las mejores éticas y las mejores prácticas sostenibles", señaló la organizadora Christina Dean, del grupo de beneficencia Green2greener con sede en Hong Kong, a la audiencia en Ginebra.
Peter Ingwersen, un diseñador de moda danés cuya marca "Noir" emplea telas de algodón orgánico de Uganda, dijo que los clientes están cada vez más preocupados del impacto medioambiental y social de los productos que adquieren.
"Hace 10 años, fue suficiente comprar la cartera 'de moda'. Hoy en día, eso ya no es suficiente. También se debe saber cómo fue fabricada", señaló.
El vestido negro 100 por ciento de algodón orgánico de Ingwersen, confeccionado con algodón cultivado sin pesticidas, fue exhibido junto con prendas donadas por importantes diseñadores como Thakoon Panichgul de Tailandia, la neoyorquina Diane Von Furstenberg y Manish Arora de India.
El evento también presentó una falda de seda y color blanco y negro de Edun, la firma ecológica y ética fundada por el cantante irlandés y activista Bono, además de un largo vestido rosado de seda adornado con flores de cannabis del brasileño Alexandre Herchcovitch.
Algunos métodos convencionales como la limpieza de lana, el curtido y blanqueamiento de cuero, el teñido e impresión de telas, requieren grandes cantidades de agua, energía y químicos que emiten residuos.
Pero el diseñador danés Ingwersen dijo que la moda verde podría desaparecer si los consumidores no encuentran productos que quieren usar.
"Si no inspiramos a otros diseñadores, al comprador final y a la prensa de la moda, entonces esto morirá dentro de dos o tres años. Se convertirá rápidamente en una moda pasajera", apuntó.

 

Reuters/ Stephanie Nebehay

 

 

Ud. puede observar imagenes de todo el evento en:


www.unctad.org/Templates/WebFlyer.asp?intItemID=5280&lang=1

 

EcoCiencia

Le invitamos a visitarnos y tomar contacto en este nuevo espacio.

Pasaje Estocolmo E2-166 y Av Amazonas (El Labrador)

Telefax: 5932-2410-781 / 2410-791 / 2410-489.
Webpage: www.ecociencia.org

P.O.Box 17-12-257.
Quito-Ecuador.

 

 

 

HUMEDALES

CONFERENCIA INTERNACIONAL
HUMEDALES CONSTRUIDOS PARA EL TRATAMIENTO DE AGUAS RESIDUALES:
TRANSFERENCIA DE CONOCIMIENTO A LATINOAMÉRICA


Ensamble : Rafael Pólit

Febrero 22, 23 y 24 de 2010

Universidad Tecnológica de Pereira
Facultad de Ciencias Ambientales
Auditorio Jorge Roa Martínez
Pereira - Risaralda - Colombia


Actualmente, en Latinoamérica las condiciones de abastecimiento de agua potable y saneamiento básico no son del todo satisfactorias, ya que solo el 85% y 78% de la población respectivamente cuentan con acceso a estos servicios (AIDIS, 2008). Lo anterior demuestra que la situación es preocupante, no solo por esta deficiente cobertura, sino también porque no existe la infraestructura suficiente, por tanto hay necesidad de inversión y adicionalmente la calidad de los servicios prestados aún requieren de control.

En Colombia, el Ministerio de Medio Ambiente, Vivienda y Desarrollo Territorial (2008) especifica que la cobertura del servicio de alcantarillado es mayor en las grandes ciudades (> 500.000 hab.) llegando a cubrirse hasta el 88% de la población. Sin embargo esta situación no garantiza que la calidad del servicio prestado sea la más adecuada para certificar el bienestar de los usuarios. Así mismo, en el área rural (< 2.000 hab.) la situación es más aún crítica, dado que los porcentajes de cubrimiento para agua potable y saneamiento son muy bajos (16 % y 40 %, respectivamente).

De acuerdo a lo anterior, la comunidad científica a nivel nacional e internacional se ha ocupado cada vez más, en encontrar alternativas tecnológicas que permitan dar solución a la problemática del saneamiento en Latinoamérica, principalmente para aquellas pequeñas y medianas localidades así como para zonas rurales; para ello, desde hace ya varios años se han enfocado en investigar los humedales construidos para el tratamiento de aguas residuales, ya que estos sistemas han demostrado ser excelentes tratamientos para la descontaminación de aguas bajo diferentes condiciones climáticas (Kadlec y Wallace, 2008) y que además, son sistemas naturales que dado a la presencia de plantas y su interacción con los microorganismos asociados a la zona radicular, permiten el sostenimiento de procesos físicos, químicos y biológicos que mejoran la calidad del agua.

El interés en esta tecnología se ha debido a su bajo costo en términos de operación, mínimo o nulo requerimientos de energía e insumos químicos, además de los altos niveles de eficiencia reportados al tratar un rango extenso de contaminantes, incluyendo drenaje de minas, lixiviados de rellenos sanitarios, aguas lluvias urbanas y residuos agrícolas (Vélez y Paredes, 2007).

En este sentido, el Grupo de Investigación en Agua y Saneamiento de la Facultad de Ciencias Ambientales de la Universidad Tecnológica de Pereira, ha venido trabajando en el desarrollo y aplicación de humedales construidos con el fin de brindar soluciones en torno al sector de agua potable y saneamiento básico acorde con las condiciones sociales, económicas y topográficas de la región cafetera y del País, y por lo cual ha querido transferir el avance que ha tomado esta tecnología hacia consultores, constructores, autoridades ambientales, profesionales y personal que labora en actividades de docencia e investigación.


ORGANIZA
Grupo de Investigación en Agua y Saneamiento - GIAS
Facultad de Ciencias Ambientales
Universidad Tecnológica de Pereira

Mayor información: www.aguaysaneamientoutp.info

 

Proyecto Páramo Andino (PPA)

Páramo y Ciudad: el eslabón perdido

Por Patricio Mena Vásconez
Asesor Técnico - Proyecto Páramo Andino - Ecuador

 

Este artículo ha sido sometido a la revista Letras Verdes, publicación del Programa de Estudios Socioambientales de FLACSO-Ecuador.

El video ".Y viene de las alturas" (dirigido por Alfredo Salazar en 2002) se acerca a la primera década de vida fructífera. Ha sido presentado en salas de cine como la del 8 y Medio y en innumerables eventos relacionados con el agua, desde colegios y museos hasta congresos internacionales y comunidades indígenas. A lo largo de 12 minutos presenta, de una manera experimental y muy gráfica, la relación que existe entre el páramo y la ciudad.

        Al realizarlo dentro del Proyecto Páramo (de EcoCiencia, la Universidad de Ámsterdam y el Instituto de Montaña)  tuvimos ciertas vacilaciones acerca de crear un producto audiovisual en el que no habría diálogos. En un momento dudamos de que los niños y niñas pequeños o la gente de comunidades indígenas -supuestamente con una "cultura audiovisual" poco desarrollada- pudieran captar las sutilezas de imágenes sin voces humanas que las explicaran y guiaran. Afortunadamente, estábamos muy equivocados: las respuestas de estos dos grupos no sólo es activa sino a ratos conmovedora. Lejos de ver el mensaje como algo que está dirigido a la gente de las urbes y que no tiene mucho que ver con su propia realidad, los comuneros y comuneras  de los altos Andes desarrollan -como era de esperarse- su propia lectura "desde el otro lado del río". Los niños y niñas no se aburren al no ver efectos especiales y peroratas, sino que más bien desarrollan  discusiones en la que frases como "yo sí le digo a mi papi que no se lave la boca con el grifo abierto" o preguntas como "¿y usted cuánta agua gastó para hacer este video?" o "¿o sea que el agua de mi sopa es de la nieve derretida?" surgen con la candidez, transparencia y capacidad crítica que sólo brillan en esas épocas de la vida.

        El mensaje fundamental -sin desmedro de las muchas lecturas que pueda haber- es que entre la ciudad y el páramo hay un vínculo trascendente: sin páramo, no hay agua para la ciudad. Nos referimos por supuesto a las ciudades andinas del Ecuador y de muchos otros países cuyas ciudades montañosas dependen de los páramos (o ecosistemas equivalentes) circundantes. Entre estos otros países están obviamente Colombia, Perú, Venezuela y Ecuador, pero también Costa Rica, Papúa-Nueva Guinea, Kenia y Tanzania. Pero también nos referimos a ciudades que sin estar en las montañas reciben agua de las cumbres más o menos cercanas. Nuestra misma gran urbe, Guayaquil, recibe mucho de su líquido vital de las alturas andinas al occidente. No en vano el artista puso en nuestro escudo nacional el gran Guayas recibiendo sus aguas desde el tayta Chimborazo.

        Al hablar de la dependencia de las ciudades de sus páramos estamos hablando obviamente del agua que usamos para calmar nuestra sed, pero también estamos hablando del agua que nos sirve para cocinar, lavar la ropa, manguerear el jardín y el carro, apagar incendios, empapar al prójimo en carnaval, preparar bebidas y medicinas, llenar piscinas, santiguarnos, adornar las plazas y cepillarnos los dientes. También estamos hablando del agua que riega los campos de donde vienen tomates y brócolis, y de donde se alimentan las vacas que nos dan leche, cuero y carne. Y, por supuesto, también hablamos del agua que se recoge en las represas como la de Paute y de donde nace la posibilidad de encender focos, computadoras, bombas de gasolina, radios  y miles de máquinas con los más diversos fines, y de recargar celulares, pilas y ipods. Son éstas las imágenes que nos presenta la primera parte del video.

        En la segunda parte, repentinamente, entra el páramo mismo. Varias iniciativas como el video han logrado en las últimas décadas crear una conciencia acerca de que este ecosistema -lejos de ser remoto, frío y poco relevante en nuestra cotidianidad- es un ecosistema rico, particularmente frágil y tremendamente estratégico dentro y fuera de sus fronteras. También se ha generado una conciencia acerca de la cultura paramera que se ha desarrollado por milenios y que hoy se manifiesta a través de una serie de comunidades y grupos que -tras un larguísimo período de marginación- están poco a poco recuperando (en más de un sentido) el espacio perdido. La imagen final del video es precisamente alusiva a este elemento.

        Pero antes de esta imagen lo que se ve es que las gotas de agua que se recogen de la lluvia, el deshielo y la condensación en el páramo, se van acumulando en ríos y acequias, para terminar, nuevamente, haciendo todo lo que se presentaba en la primera parte: regar, lavar, curar, iluminar, alimentar, adornar, bendecir. Entonces, el páramo parece haber entrado, o por lo menos estar entrando, en el imaginario de la gente urbana. Aparentemente está cada vez más claro que lo que le pase al páramo repercutirá en lo que le pase a la ciudad. Ya se puede hablar, por ejemplo, de que los cortes de luz son, por lo menos parte, causados por un maltrato en los páramos que nutren a Paute. Un páramo en buen estado contribuirá a tener una ciudad sana. Pero, ¿por qué está en mal estado el páramo?

        Hay varias razones que pueden ser analizadas a diferentes escalas, pero eso es materia de otro artículo. Para estas líneas es suficiente decir que varias prácticas humanas -llevadas a cabo muchas veces no por ignorancia o maldad, sino por una falta de alternativas de parte de las comunidades altoandinas o de previsión de parte de las autoridades del ramo contribuyen sinérgicamente. A escala global, el cambio climático podría terminar eventualmente con la capacidad receptora y distribuidora de agua de los páramos, pues al calentarlos se altera profundamente la esponja que constituyen sus suelos especiales. A escala local, prácticas como la quema para lograr mejores pastos, el pisoteo y la pérdida de cobertura vegetal causadas por el sobrepastoreo de animales exóticos como vacas y borregos, y el avance incontrolado de la frontera agrícola se asocian a prácticas a una escala media -como la siembra de especies forestales inadecuadas y la minería- para generar un futuro incierto que incluye, entre varios, problemas de abastecimiento de agua y luz para las tierras bajas, donde están las urbes y los campos agrícolas.

        El reconocer este vínculo fundamental entre páramo y ciudad es sólo una parte del asunto. Es básico, no hay duda; pero el mero reconocimiento debe traducirse en actitudes y acciones de parte de la ciudad para que los páramos sigan proveyéndola de agua limpia y constante, haciéndola sostenible. Pero, ¿qué puede hacer una persona de Quito, Bogotá, Loja, Mérida, Cajamarca o Nairobi para que sus páramos estén en buenas condiciones? La primera respuesta que surge es la relacionada con el desperdicio. Quito, por ejemplo, es por desgracia famosa por ser una ciudad particularmente desperdiciadora de agua. Conservar agua en las ciudades es evidentemente algo que se debe hacer y nadie puede decir que no es sumamente importante hacerlo.

        Sin embargo, si consideramos al páramo como un ecosistema en términos estrictos, este control en el uso del agua en la ciudad no tiene una repercusión directa en la conservación de los páramos. Es decir, el hecho de que la gente en Quito deje de desperdiciar el agua no va a tener una incidencia directa, inmediata y notable en los páramos mismos. Los páramos -sin importar cómo se use el agua abajo- seguirán produciendo el agua de acuerdo con sus condiciones en el sitio. En otras palabras, para que haya más y mejor agua para Quito y ese tipo de ciudades, lo que hay que hacer es mejorar las condiciones del páramo mismo. Lo que puede hacer la gente de Quito, más allá de usar bien esa agua, es colaborar para que esos páramos -que le dan nada menos que el agua- se conserven de la mejor manera posible. ¿Cómo hacerlo?

        Hay que considerar primero que el páramo no es solamente un ecosistema relativamente natural que debe ser conservado y punto. El hecho es que, como se había anotado, hay gente en el páramo. Muchos estudios señalan que el páramo es en buena parte de su extensión un ecosistema generado por el ser humano. Esto no quiere decir que en todas partes donde ha habido esta intervención el páramo está en malas condiciones. Hay evidentemente páramos destrozados, pero también hay páramos que -habiendo sido usados por siglos- siguen en un buen estado de salud. Posiblemente no tengan la biodiversidad que había en las condiciones prístinas, pero -por lo menos en cuanto a su función hidrológica y a su atractivo paisajístico- siguen funcionando perfectamente. Para las personas que viven en los páramos y que forman una parte fundamental de él, sí significa algo que la gente de abajo deje de desperdiciar agua.

        Un caso paradigmático es el de la cascada de Salvefaccha de la comunidad de Oyacachi, en la Reserva Ecológica Cayambe-Coca al oriente de Quito. Las obras hidráulicas en esta zona son parte de los esfuerzos por conseguir más agua para la capital, cada vez más sedienta y grande. Si Quito no creciera como crece y no desperdiciara agua como lo hace, sería menos necesario buscar más y más páramos, y hasta ríos que desembocan hacia el Amazonas (con agua de los páramos de todas maneras) para llenar estas demandas exageradas. Los conflictos generados en Salvefaccha -que incluyen la alteración de un lugar sagrado y problemas de avance de la frontera agrícola en las zonas adonde tuvieron que moverse las vacas que antes pastaban allí- se hubieran evitado o, por lo menos minimizado, si la demanda no fuera tan fuerte. En otras palabras, de manera indirecta e inconsciente, pero poderosa, la gente de Quito afecta a los páramos que le dan vida. He ahí una razón, solidaria e importante, para ahorrar el agua.

        Pero volviendo a una forma más directa de ayudar desde las ciudades y los campos a que los páramos se conserven, hay varias cosas que se pueden hacer. Obviamente, están acciones como las de visitar los páramos de manera racional. Las quemas de los páramos causadas por fogatas mal apagadas por los turistas se pueden evitar fácilmente. Llevar automóviles todoterreno y destruir el páramo inmisericordemente también es controlable, así como la cacería y la pesca ilegales. Hay que recordar que el páramo, siendo fundamental para la vida de propios y extraños, es un ecosistema frágil como pocos. Dejar basura en el páramo es muy problemático porque por el frío ésta no se descompone y altera el paisaje casi eternamente. Las plantas recolectadas para leña o por diversión o adorno tardan decenas de años en recuperarse. En general, lo que hay que hacer al estar en un páramo es no dejar la menor huella de nuestro paso. Llevémonos recuerdos sensoriales y fotografías, nada más.

        Pero la manera más directa y efectiva de colaborar a que se mantengan los páramos que nos dan agua es contribuir a la conservación a largo plazo de esas fuentes del líquido vital. De alguna manera ya lo hacemos: de la planilla que pagamos mes a mes por el agua, un poco va a un fondo que tiene esas funciones (el FONAG). Sin embargo, no es un pago específico para cuidar las fuentes, sino que de lo que se calcula simplemente se toma un 1% (el fondo, manejado en fideicomiso, se nutre también de otras fuentes públicas y privadas). Otra cosa sería pagar efectivamente más con ese fin. Algo que pocos conocen es que el agua en Quito y otras ciudades del Ecuador es en sí misma gratuita. En la planilla pagamos por el servicio de transporte y limpieza del líquido -que implica obviamente infraestructura, equipo y personal. Pero el agua como tal es gratis.

        ¿Cuánto estaríamos dispuestos  a pagar por el agua misma, es decir, en otras palabras, a contribuir específicamente para mantener sus fuentes en buen estado? Mantener los tanques y los tubos y pagar bien a personal calificado es fundamental, pero con eso no se conservan los páramos en sí. ¿Para qué serviría este aporte extra? Para evitar los daños en los páramos a través de un control eficaz, para compensar a la gente de arriba que debe cambiar sus prácticas con el fin de que el servicio de agua para las ciudades no se afecte, para generar campañas de educación ambiental, para pagar estudios que solidifiquen el proceso. Obviamente, la utilización de este fondo deberá ser absolutamente transparente y auditado. De hecho, ese 1% que se toma del pago de las planillas para el FONAG sirve precisamente para esas actividades, pero, de nuevo, no es plata que la gente pone exclusivamente con ese objetivo. Lo que uno paga en la planilla debería servir sólo para mantener el servicio de agua potable como tal funcionando, pero no para mantener las fuentes y todo lo que ello significa. Eso es un gasto aparte en el que todos  y todas deberíamos contribuir también. Ahí está el eslabón perdido entre los páramos y las ciudades. No sólo es cuestión de estar conscientes del nexo: hay que hacer algo efectivo y práctico para que el vínculo sea más fuerte y, además, de doble vía: los páramos nos dan el agua, nosotros y nosotras deberíamos devolver el favor, más allá de las muy beneficiosas pero insuficientes acciones de ahorra agua y de visitar los páramos pisando suave.

        Nuevamente la pregunta: ¿cuánto estaríamos dispuestos a pagar por conservar los páramos, sabiendo que sin ellos nuestra provisión de agua sería tremendamente conflictiva y complicada? Esto no se puede contestar fácilmente. Se deben hacer estudios de la cantidad de plata que se necesitaría, por un lado, y, por otro, un estudio específico (posiblemente ya lo hay) que se llama "de predisposición al pago" y que ha sido aplicado en varias partes del mundo. Cualquiera sea el grado de predisposición -aparte de las decisiones políticas que están de por medio y de las necesidades presupuestarias objetivas que se calculen- éste será una medida real y palpable del grado y el tipo de relación que existe entre páramo, agua y ciudad.  Por otro lado -y sin querer poner demasiado peso en la parte puramente monetaria del asunto- cuando la gente sienta que de su bolsillo está pagando concretamente por la conservación de los páramos sentirá aún más el nexo con el páramo que se ha desarrollado a través de videos como ".Y viene de las alturas", y podrá sentirse más corresponsable y ser un partícipe real de su conservación y buen uso.

 

EcoCiencia, todos los Derechos Reservados ©.

Sitio WEB diseñado por Rafael Pólit A.

 

W3C-HTML1.0W3C-CSS